La primera vez en un spa genera dudas tontas que nadie pregunta en voz alta: qué llevar, qué decir, si hay que hablar. Aquí van las que sí importan.
Antes
Llega con tiempo para no entrar al masaje con el ritmo de la calle. Evita una comida pesada justo antes, y si puedes, llega con el teléfono guardado: la hora funciona mejor sin interrupciones.
Al conversar con tu terapeuta
Dile dónde sientes la tensión, qué te molesta y qué prefieres que no toquen. Si alguna vez te dolió un masaje, también hay que decirlo: la presión se ajusta, no se aguanta.
Si tienes una condición de salud, una lesión, estás embarazada o tomas medicación, coméntalo antes de empezar. Con esa información se decide la posición y la intensidad.
Durante
No hay que hablar, aunque el silencio puede romperse si quieres pedir algo: más calor, menos presión, cambiar de zona. Un masaje bien hecho se ajusta sobre la marcha.
Cierra los ojos y respira largo. Es la parte que nadie te explica y la que hace la diferencia: cuando la respiración se alarga, el cuerpo se entrega.
Después
Levántate despacio, toma agua y no te pongas una meta encima. Lo mejor que puedes hacer es reservar la siguiente pausa antes de que el cuerpo vuelva a tensarse.
El masaje es una experiencia de bienestar y no reemplaza la valoración de un profesional de la salud. Si tienes una condición médica, una lesión o estás embarazada, coméntaselo a tu terapeuta antes de la sesión.
Reserva sin apuros
Escríbenos y te ayudamos a elegir el masaje ideal para tu primera visita.
